Diego Armando Maradona, entre la persona y el mito

Originalmente publicado en Manda Pelotas el 28/11/2020

A estas alturas ya no le resultará noticia a nadie la muerte de Diego Armando Maradona. El astro argentino fallecía de paro cardiaco fruto de un cuadro de abstinencia a los sesenta años de edad. Como no podía ser de otra manera, el mundo del fútbol entró en estado de conmoción ante la despedida de uno de sus mayores iconos.

Como viene siendo de manera habitual en la dinámica de las redes sociales, cuanto más queda ensalzada una figura, más duras son las críticas que llega a recibir. Muchos críticos se visten de abogados del diablo para discutirle la posible canonización a Maradona. No creo que haya nada de malo en ello, de hecho, siempre he visto positivo el complejizar la medida de los ídolos. Solo pienso, en este caso con Maradona, que se pierde las perspectivas  de donde situar el debate. Para hablar de Maradona pienso que es interesante establecer las dos dimensiones de su figura: la persona y el mito.

La primera, como ser humano, tal como lo estuve leyendo en redes, Maradona no fue ejemplo de nada que no tuviera que ver con el fútbol. Todos hemos asistido a la degradación del futbolista fruto de su mala relación con las drogas y el alcohol y un historial despreciable de maltrato y vejaciones de género. Quien quiera justificar estos pecados tiene un severo problema. Muchas de sus últimas bochornosas imágenes “pasado de rosca” hicieron que alimentásemos el meme en torno a su figura. La broma no justifica lo que ha sido una degradación moral y profesional.  Como tantas veces se ha dicho, Maradona pudo haber sido mejor futbolista de lo que él mismo quiso. Vivió y murió como una estrella del rock maldita, al igual que un George Best, víctima de su propia genialidad.

Lo interesante respecto a Maradona es su dimensión de mito. Un ejemplo bastante superficial, te guste o no el fútbol conoces a Maradona. Eso le hace situarse con otras figuras pop como puede ser un Freddie Mercury, Marilyn Monroe o Michael Jackson. Tal como lo entiende Barthes la idea de mito, la cultura popular vacía la realidad de estas personas y las rellena con un nuevo sentido. A veces hay que entender que los mitos trascienden la propia figura y como mitología pertenecen al imaginario popular. En estos días leía un artículo de unas feministas argentinas donde apuntaban sobre Maradona que, aunque lamentablemente había ejercido violencia contra las mujeres, su figura servía de aliento a las clases populares: “Si hablamos de Diego, hablamos de pueblo, ese que siempre lo acompañó, no solo por sus jugadas, sino porque los barrios humildes se sentían representados en su rebeldía y en sus decisiones”. La cuestión de fondo es la siguiente: hay una diferencia muy notable entre ser un modelo a seguir y ser un ídolo. Maradona no es lo primero. Sobre lo segundo, como ídolo forma parte de imaginario popular tan poderoso que es difícil de denostar.

Veo mucho “cosmo-paletismo” muy confundido respecto a esto. Me sorprende que hablen del pueblo y luego menosprecian todo aquello que le gusta al pueblo. A su vez, cierta izquierdismo se jacta de las contradicciones de la vida y luego cuando las ven ante sus ojos parecen negarlas.

A mí juicio, Maradona representaba todas las contradicciones del fútbol. Para quienes somos aficionados encontramos en este deporte tantas cosas que queremos como las que odiamos. Maradona era la genialidad innata del fútbol, la de llevar mágicamente la pelota pegada a su bota pero también es la decadencia de la fama y los excesos. Maradona es la emoción de unir a una nación entera pero también la de despertar los impulsos más irracionales de este juego. Maradona es la osadía de desafiar a los grandes desde un equipo napolitano pero también la de ser partícipe del capital saudí.  No importa tanto lo que fue en vida sino lo que representa para las personas. Podemos debatir acerca de los ángeles y demonios de Maradona. En el mejor de los casos, él fue responsable y culpable  de todos sus males. En el peor de los casos, un juguete roto de  la maquinaria del capital-fútbol.

Nadie como Eduardo Galeano ha dedicado palabras más bellas al Pelusa: “Maradona llevaba una carga llamada Maradona (…) No había demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios” el escritor uruguayo continuaba escribiendo de manera profética: “El placer de derribar ídolos es directamente proporcional  a la necesidad de tenerlos”.

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